InfelicidadDe forma habitual nos encontramos con muchas personas cuyo motivo de consulta es éste. Y está claro que cuando alguien acude a una consulta bajo estas circunstancias, no tiende a acertar con las causas de lo que le ocurre.

Son varios los motivos que confluyen para generar esta situación en la que algunas personas alcanzan aquellas expectativas que se les habían planteado desde que eran jóvenes pero su estado de ánimo no les acompaña:

ApegoLa personalidad, el modo de actuar y relacionarse, el modo de gestionar y expresar las emociones e incluso la futura elección de pareja, están íntimamente relacionados con el tipo de apego que se ha desarrollado en la infancia entre los padres y el infante.

A continuación, mostraremos qué es el apego, qué tipos hay según la teoría de John Bowlby, qué implicaciones tienen en la vida posterior de la persona, cuáles son los comportamientos de cada estilo de apego y cómo influyen en las relaciones íntimas.

En el mundo del amor y de la pareja no existen las recetas. A pesar de ello, la psicología clínica, la psicología social y las distintas orientaciones que abordan la terapia de pareja han investigado y estudiado a fondo los distintos tipos de amor y de vínculo, las fases habituales por las cuales transitan las relaciones y los diversos factores que influyen en las relaciones. Por otro lado, el arte y la filosofía llevan abordando el amor y el desamor desde tiempos inmemoriales. La pareja es fuente privilegiada de bienestar, así como de sufrimiento, de modo que no es de extrañar que tantos esfuerzos se hayan dedicado a desentrañar qué nos hace felices o infelices en nuestras relaciones.

El estrés es un sistema de adaptación que poseemos todos los mamíferos ante situaciones que pudieran suponernos una amenaza para nuestra supervivencia. A pesar de que no se puede vivir sin estrés, una respuesta de activación demasiado alta o demasiado baja puede ser negativa para nuestra salud.

El tipo de vida que llevamos en las sociedades occidentales tiende a que nos situemos de forma muy habitual en nuestro pensamiento obviando las respuestas que constantemente nos ofrece nuestro cuerpo como síntomas de adaptación ante nuestras circunstancias.

Si bien, la mayoría de las personas no han de sobrevivir en las sociedades de bienestar, la percepción de estar en constante estado de supervivencia es una tónica común que perjudica a nuestra salud y necesitamos herramientas eficaces que nos permitan desactivar nuestra respuesta de alerta.

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